¿Cómo entramos a practicar?

Una de las primeras cosas que aprendí de mi maestro, fue cómo entrar en la sala. La sala es un espacio sagrado y a medida que pasas tiempo en ella, más sagrada te parece. Como profesora y profesional que te acompaña en tu práctica, estar presente, estar atenta, estar disponible y a la vez, estar abierta a que cada vez sea diferente, es importante para que todo lo que ofrecemos o guiamos, fluya y la energía llegue donde es necesario para ti en ese momento.

Al mismo tiempo, como practicante, también es importante estar con todo tu ser en ese primer paso al entrar en la sala. Poder hacerlo con todo “tu”, con lo que vives, con lo que sientes, con los retos y desafíos que tienes y al llevarlos a la práctica, ponerles conciencia y también espacio. Cultivar el espacio interno, el respiro interno, el silencio y encontrar en esto nuestro refugio, siendo conscientes de que estamos vivos y que todo lo que sentimos es bienvenido. La presencia nos invita a habitarnos, a saber que somos, a saber que existimos con todo nuestro ser, con todo nuestro cuerpo emocional, espiritual y mental. Es un entrenamiento para la vida, es una invitación para rendirnos a la vida, para impulsarnos con ella. Muchas veces nos pasan cosas que no queremos y luchamos, nos resistimos y nos drenamos energénticamente primero y enfermamos después. Si estamos en presencia, nos prodremos acompañar, nos podremos acoger, pondremos a nuestro servicio propio nuestros recursos internos y esto nos dará fuerza y serenidad para afrontar la adversidad. La presencia, la atención, a pesar de todo esto, es mucho más. Con atención las soluciones surgen por si solas, como el antídoto a nuestro pesar. Victor Frank decía que había algo que no le podían quitar al ser humano aunque las circunstancias fueran muy duras y era su libertad de elegir cómo vivir lo que estaba viviendo.

Entrenarnos en la atención y en la presencia en cada clase, es un entrenamiento para la vida, es nutrirnos en el despertar de nuestra mente y nuestro corazón, es aprender a ver la realidad tal como es y no como queremos que sea, esto parece fácil o obvio y al mismo tiempo nos puede llevar una vida o varias conseguirlo. Lo que sí va a pasar es que en el camino vamos abriéndonos a la aventura y redescubriéndonos y lo que descubrimos dejará una huella inalterable.

Por eso es importante cómo entro en mi práctica, qué intención tengo, donde tengo mi atención. En este momento y durante la sesión tanto el profesor como el practicante ofrecemos lo mejor, con el corazón abierto en nuestra práctica, llevándola a cabo combinando energía y relajación en presencia. Abiertos a la vida y sin expectativa. Entrenándonos ambos para vivir en la enegía de vida.

Ling.

Namasté

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